Piedra Papel Libros en ‘Baldosas Amarillas’

Os dejamos un enlace al programa número 18 de Baldosas Amarillas, programa de Uniradio Jaén dirigido por Isabel Tejada. En él hablamos de Piedra Papel Libros y Víctor Mesa habla de Poemas rescatados de las llamas, poemario recientemente publicado por nuestra editorial.

http://uniradio.ujaen.es/programas/baldosas-amarillas/podcast/1×18-baldosas-amarillas

‘Poemas rescatados de las llamas’ ya está a la venta

Cubierta Víctor sin código de barras - copia

Desde Piedra Papel Libros, nos alegra comunicaros que ya tenemos a la venta Poemas rescatados de las llamas, de Víctor Mesa. Se trata del cuarto título de nuestra colección de poesía, Caja de Formas, y ya está disponible para venta directa y distribución a través de nuestro correo electrónico: piedrapapellibros@gmail.com

Poemas rescatados de las llamas cuesta 8€ y, como siempre, no hay gastos de envío.

Aquí os pasamos algunos datos de la edición:

Poemas rescatados de las llamas
Víctor Mesa
ISBN: 978-84-617-9281-8
Colección: Caja de Formas, nº 4
Tripa: Papel ahuesado 80 Gr.
Alzado: Fresado
Medidas: 195 mm. x 117 mm.
Páginas: 135
Precio: 8 €

Joaquín Fabrellas reseña “Cuaderno de veredas”, de José Pastor

Portada

Segundo trabajo de José Pastor. Tercera entrega de “Caja de formas”, de la audaz PiedraPapel.

Conocí a Jose hace algunos lustros, cuando yo comencé a colaborar con ediciones RaRo de Rakel Rodríguez y esa forma punki y kamikaze de hacer poesía y ediciones, sin importar los beneficios, mirando a la cara a los pasmados de la cosa poética y editorial, cuando ellos decían: no van a durar mucho, y ahí está todavía Rakel con innumerables títulos publicados en su Cabo de Gata.

Pero hay que irse un poco más atrás, a cuando  compartimos un fin de semana donde se mezcló lo más underground de la poesía jiennense-granadina y leímos poemas, relatos, y, más importante, acabamos con toda la cerveza de un pueblo hermosísimo, bello Cástaras donde Jose nos acogió en su seno alpujarreño, en su casa-pensión junto a Carlos, el biólogo que nos introdujo en un mundo de pájaros y especies desconocidos para nosotros en aquella juventud tardía. Nos hablaban de los lejos que quedaban las ciudades, de los infelices de sus habitantes, nosotros que vivíamos en esas ciudades y que habíamos descrito en algunos poemas titubeantes la libertad enclaustrada. Cuando nos tuvimos que marchar un denso manto de nieve nos lo impidió, lo pude ver desde la pequeña ventana de mi habitación que guillotinaba el cielo afuera con un brillo extraño, el de la nieve reflejada en el aire, entre el acero y el oxígeno pesado. Recuerdo el viaje de vuelta con el sabor de la zurrapa todavía en la boca hacia una humilde civilización y ese tabaco de viejo que nos robó a todos un poco la voz porque la poesía es una cosa de voces. Recuerdo de Cástaras el tajo enorme que dividía al pueblo en dos, un corte descomunal, que parece introducirse en la tierra y recordarnos que el acabamiento es eso, el hiato de la naturaleza con vistas a la Contraviesa y más allá el mar, decían,  pero no llegamos a verlo por la nieve. También recuerdo el viaje de vuelta junto al editor Juan Cruz y a Julia Cortés que colabora con el diseño de PiedraPapel actualmente.

Y es que Jose siempre ha tenido aspecto de cantautor y ahora me encuentro con este libro en donde reúne su penúltimo trabajo, con esa forma suya de proceder, dejándose arrastrar por la melodía interna del lenguaje, atento al impacto, con pocos acordes, como Los Ramones, con un  ritmo corto que marca el compás en un escenario donde hay demasiados músicos que a veces olvidan el concierto y solo escriben su nombre bien grande para mayor gloria de ellos mismos, me refiero a esos poetas estrella, encantados de conocerse y que hacen tan áspero este difícil mundo de egos sin mapas con autoestimas muy bajas y poesía de molde. Jose se sale de esos moldes porque nunca ha participado de camarillas:

DESEOS

deseo de ser farero
conocer el lenguaje de los faros
dar visibilidad a la invisibilidad
de la mirada de los náufragos

Poco más que añadir sobre el acierto de este pequeño poema que olvida lo retórico para implicarse en la vivencia y la meditación, porque de eso trata la buena poesía, de la vivencia expresada tras el tamiz del tiempo un pensamiento de forma bella; o como diría nuestro querido Agustín Delgado, la poesía de “vividura”, no la de la vivencia, la de la experiencia dura y expresarlo de forma directa, con esa forma que tenía Delgado, esa forma directa, fauve, como los pintores valientes ante el lienzo, sin dibujo, solo con pinceladas gruesas. Así procede José Pastor.

MANUAL DE ORNITOLOGÍA

Si quieres saber de pájaros
pegunta al espantapájaros

Que me recuerda a la mejor tradición del poeta Lapido en su etapa de 091, ese grupo de culto granadino que vertebró nuestra adolescencia y nos abocó a la práctica de la poesía en una generación que adolecía de la tecnología más inhumana de hoy día. Afortunadamente.

La poesía de Jose Pastor parece la letra de una canción que no ha sido compuesta, que está por componer, pero la poesía es música.

También me recuerda su poesía a la poesía de Aníbal Núñez, ese gran poeta desaparecido hace ya mucho y que Álvaro Valverde ha vuelto a reunir en una antología necesaria, ese criticismo a una sociedad decadente, con unos valores subvertidos como en el poema del salmantino “Confesiones de un agricultor ante la fotografía de su hija haciendo la primera Comunión”.

“Dar voz a lo que no se oye”

Lo que hemos dicho antes, la poesía es cuestión de voces, de música escondida, de vividura, del pie en el bombo, intentar desvelar lo que no tiene voz es difícil pero el poeta tiene esa difícil tarea encomendada en una sociedad sin textos, o con unos textos pautados por los economistas sin risa.

En buena hora Jose, Juan, todos salimos ganando.

Joaquín Fabrellas

Lo bello y lo difícil: http://lobelloylodificil.blogspot.com.es/2016/03/jose-pastor.html 

José L. Martínez Clares reseña “Cuaderno de veredas”

Portada

Escribe José Pastor en Cuaderno de veredas (Piedra Papel Libros, 2016) que ahora solo ladro ante el papel / y mis únicas peleas son con las palabras. Es cierto que, si buscamos información sobre el autor en cualquier medio escrito o digital, poco o nada encontraremos: apenas que ronda los cincuenta y que hace tiempo que reside entre nosotros. Es un enigma, por tanto, el “José Pastor persona”. En cambio, me atrevería a aventurar que todo lo sabemos del “José Pastor poeta”, del hombre que ladra ante el papel, porque su vida se esconde en cada uno de los versos de este libro, una vida que no se limita a ser narrada sino que tiene la intención de derramar hasta el más amargo de sus días combatiendo por aquello que considera justo. Es la suya, por tanto, una pugna de papeles y tintas, aunque Pastor nos cuente que carece de la vocación artística necesaria y que para derribar un muro / prefiero un martillo / antes que un poema.

No es mi intención ponerme académico ni belicoso, pero, con frecuencia, considero que sólo existen dos tipos de Poesía: la que me emociona y la que no me emociona. Únicamente, la primera consigue que mi mundo se tambalee, que la cordura pierda terreno paulatinamente entre mis costumbres más frecuentadas. Amo esa Poesía que nace para contarnos las cosas cotidianas con un lenguaje cotidiano, la poesía que nos habla de las personas que se cruzan con nosotros por la calle, personas que nos anteceden o nos suceden en las esperas de cada día. Cómo no voy a emocionarme si yo también debí ser tan pobre como lo fue José Pastor, tan pobres que ambos aprendimos a nadar / en un río / donde el agua nos llegaba a los tobillos, si yo también me acodé en las mismas barras donde él debió acodarse y puede, también, que terminase amando a las mismas mujeres que sólo aman quienes han elegido libremente convivir con la derrota.

Una vez escribí en alguna parte, que Pastor nos desnuda con sus versos desnudos, versos carentes de vestiduras que se presentan desguarnecidos ante el lector, un lector que se enfrenta, de este modo, a una realidad sin edulcorantes, sin ánimo de corrección. Esa es la Poesía que me interesa, la Poesía de Cuaderno de veredas, porque mi memoria no entiende de fantasías aunque las acepte y -¡qué demonios!- el recuerdo se parece a esa botella que apuraré / cuando te hayas marchado, una botella que alguien debería ofrecernos de vez en cuando, porque ese trago, aunque amargo, nos puede salvar el pellejo.

Créanme: hubo un tiempo en que todas las leyendas debieron ser verdad y, por eso, leer estos poemas de José Pastor me parece un sueño del que sólo podré escapar al cerrar su libro, pues ya nos desliza el poeta, entre versos, con la sabiduría de quien se ha levantado muchas veces, que al despertar / sólo queda el polvo del camino en mis huesos / en mis desgastadas botas / y en el recuerdo.