Joaquín Fabrellas reseña “Cuaderno de veredas”, de José Pastor

Portada

Segundo trabajo de José Pastor. Tercera entrega de “Caja de formas”, de la audaz PiedraPapel.

Conocí a Jose hace algunos lustros, cuando yo comencé a colaborar con ediciones RaRo de Rakel Rodríguez y esa forma punki y kamikaze de hacer poesía y ediciones, sin importar los beneficios, mirando a la cara a los pasmados de la cosa poética y editorial, cuando ellos decían: no van a durar mucho, y ahí está todavía Rakel con innumerables títulos publicados en su Cabo de Gata.

Pero hay que irse un poco más atrás, a cuando  compartimos un fin de semana donde se mezcló lo más underground de la poesía jiennense-granadina y leímos poemas, relatos, y, más importante, acabamos con toda la cerveza de un pueblo hermosísimo, bello Cástaras donde Jose nos acogió en su seno alpujarreño, en su casa-pensión junto a Carlos, el biólogo que nos introdujo en un mundo de pájaros y especies desconocidos para nosotros en aquella juventud tardía. Nos hablaban de los lejos que quedaban las ciudades, de los infelices de sus habitantes, nosotros que vivíamos en esas ciudades y que habíamos descrito en algunos poemas titubeantes la libertad enclaustrada. Cuando nos tuvimos que marchar un denso manto de nieve nos lo impidió, lo pude ver desde la pequeña ventana de mi habitación que guillotinaba el cielo afuera con un brillo extraño, el de la nieve reflejada en el aire, entre el acero y el oxígeno pesado. Recuerdo el viaje de vuelta con el sabor de la zurrapa todavía en la boca hacia una humilde civilización y ese tabaco de viejo que nos robó a todos un poco la voz porque la poesía es una cosa de voces. Recuerdo de Cástaras el tajo enorme que dividía al pueblo en dos, un corte descomunal, que parece introducirse en la tierra y recordarnos que el acabamiento es eso, el hiato de la naturaleza con vistas a la Contraviesa y más allá el mar, decían,  pero no llegamos a verlo por la nieve. También recuerdo el viaje de vuelta junto al editor Juan Cruz y a Julia Cortés que colabora con el diseño de PiedraPapel actualmente.

Y es que Jose siempre ha tenido aspecto de cantautor y ahora me encuentro con este libro en donde reúne su penúltimo trabajo, con esa forma suya de proceder, dejándose arrastrar por la melodía interna del lenguaje, atento al impacto, con pocos acordes, como Los Ramones, con un  ritmo corto que marca el compás en un escenario donde hay demasiados músicos que a veces olvidan el concierto y solo escriben su nombre bien grande para mayor gloria de ellos mismos, me refiero a esos poetas estrella, encantados de conocerse y que hacen tan áspero este difícil mundo de egos sin mapas con autoestimas muy bajas y poesía de molde. Jose se sale de esos moldes porque nunca ha participado de camarillas:

DESEOS

deseo de ser farero
conocer el lenguaje de los faros
dar visibilidad a la invisibilidad
de la mirada de los náufragos

Poco más que añadir sobre el acierto de este pequeño poema que olvida lo retórico para implicarse en la vivencia y la meditación, porque de eso trata la buena poesía, de la vivencia expresada tras el tamiz del tiempo un pensamiento de forma bella; o como diría nuestro querido Agustín Delgado, la poesía de “vividura”, no la de la vivencia, la de la experiencia dura y expresarlo de forma directa, con esa forma que tenía Delgado, esa forma directa, fauve, como los pintores valientes ante el lienzo, sin dibujo, solo con pinceladas gruesas. Así procede José Pastor.

MANUAL DE ORNITOLOGÍA

Si quieres saber de pájaros
pegunta al espantapájaros

Que me recuerda a la mejor tradición del poeta Lapido en su etapa de 091, ese grupo de culto granadino que vertebró nuestra adolescencia y nos abocó a la práctica de la poesía en una generación que adolecía de la tecnología más inhumana de hoy día. Afortunadamente.

La poesía de Jose Pastor parece la letra de una canción que no ha sido compuesta, que está por componer, pero la poesía es música.

También me recuerda su poesía a la poesía de Aníbal Núñez, ese gran poeta desaparecido hace ya mucho y que Álvaro Valverde ha vuelto a reunir en una antología necesaria, ese criticismo a una sociedad decadente, con unos valores subvertidos como en el poema del salmantino “Confesiones de un agricultor ante la fotografía de su hija haciendo la primera Comunión”.

“Dar voz a lo que no se oye”

Lo que hemos dicho antes, la poesía es cuestión de voces, de música escondida, de vividura, del pie en el bombo, intentar desvelar lo que no tiene voz es difícil pero el poeta tiene esa difícil tarea encomendada en una sociedad sin textos, o con unos textos pautados por los economistas sin risa.

En buena hora Jose, Juan, todos salimos ganando.

Joaquín Fabrellas

Lo bello y lo difícil: http://lobelloylodificil.blogspot.com.es/2016/03/jose-pastor.html 

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